



La programación no se realizó desde una oficina, sino a través de tres residencias en el lugar. Estos encuentros permitieron reunir a representantes, asociaciones y vecinos para «dibujar» juntos el organigrama funcional del espacio, desde la zona de carga textil hasta las áreas de coworking.

El estudio reveló que no todos los forjados históricos eran aptos para soportar las cargas de un museo. Este trabajo de diagnóstico detallado fue crucial para definir un plan de obras coherente, priorizando la seguridad estructural antes de los acabados.
Para no quedarnos en planos teóricos, organizamos un evento de prefiguración. Simulamos la futura cocina compartida utilizando un mostrador hecho con rollos de cartón de tela reutilizados. Ver a los vecinos apropiarse del espacio durante una comida permitió validar instantáneamente las hipótesis del estudio.

