



Más allá de la estética, existía una urgencia estructural. La cubierta y la armadura presentaban un riesgo real de derrumbe. Esta obra de sustitución fue la oportunidad ideal para integrar aperturas en el tejado y buhardillas estratégicas, transformando una restricción de seguridad en una palanca para la claridad interior.
El trabajo sobre el volumen fue una verdadera liberación. Pasar de la limitación de las alturas de techo muy bajas de las antiguas caballerizas a la creación de una triple altura cambió totalmente la percepción del lugar. Es este vacío arquitectónico el que otorga hoy al proyecto su fuerza y su aliento.








