
Acondicionar la planta de una antigua mansión dentro de un parque público supuso un gran desafío de escala. El reto fue mantener el espíritu de «casa de familia» cumpliendo estrictamente con las normativas de un albergue moderno y solidario.
El mobiliario no llegó terminado: se construyó in situ durante una semana de trabajo intenso. El futuro personal del albergue participó activamente, transformando el montaje de las camas y el almacenamiento en un primer hito de su formación profesional.

Intentamos romper con el aspecto frío que a veces tienen los hoteles. Entre muebles recuperados y estructuras de madera a medida, buscamos esa sensación de estar ‘como en casa’, donde cada rincón parece tener una pequeña historia que contar». El diseño de la planta es un alegato a favor de una hostelería más sobria, que prefiere el gesto artesanal frente al estándar industrial.





